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Que conste, antes de que alguien se me lance al cuello, que soy un firme defensor de los cruceros de turismo. El incremento en la demanda de esta forma de ocio ha propiciado un sector firme y estable que da empleo a decenas de miles de personas y sobre todo que ha permitido acercar el mar y la navegación a unos precios muy razonables a millones de personas que de otra forma no hubieran podido acceder a disfrutar de grandes viajes de ocio por mar, actividad antaño reservada a los ricos. Hasta ahí, perfecto.
Sin embargo todo tiene un límite. El Oasis of the Seas tiene una eslora de 361 metros, 225.000 T.R.B, un puntal desde la línea de flotación hasta la cubierta superior de unos 70 metros y puede llegar a transportar (entre pasaje y tripulación) a unas 8.400 personas alojadas en 18 cubiertas (18 pisos como decían ayer los locutores de TV, para que veáis lo necesario que es preservar el lenguaje náutico). En mi modesta opinión queridos amigos, (y más allá de la broma que hacemos los marinos acerca de que este tipo de naves no son barcos, sino hoteles a los que se les ha puesto una proa y una popa) , el Oasis of the Seas no es barco; es un despropósito a flote.

¿8.400 pasajeros y tripulantes? Como marino y como profesional de los siniestros marítimos me pregunto cómo se hace para evacuar a 8.000 personas de las cuales 6.000 son pasajeros, personas ajenas al mundo marítimo, de un barco que se ha incendiado o que ha sufrido una rotura masiva en el casco (por ejemplo por una explosión o por un abordaje) en el mar. Por favor, ¿alguien me lo puede explicar de una forma razonada? Y creedme: estas cosas suceden; afortunadamente no con mucha frecuencia pero suceden.

Insisto que no critico a los cruceros de turismo. E incluso si me tapo un poco la nariz, sería capaz de no criticar tampoco el tamaño de los buques. Lo que critico con toda mi alma es el número de personas que pueden transportar.

¿Sabéis lo peor del caso? Este debate no es nuevo, ni mucho menos. Comenzó en 1906 cuando los primeros superliners , Mauretania y Lusitania, entraron en servicio. Cuando los super barcos de pasajeros son presentados a la opinión pública todo son exclamaciones de asombro y autocomplacencia : ¡¡OHH!!, ¡AHH!. Las mismas exclamaciones que se producen cuando uno de estos leviatanes de hunde y mueren centenares o miles de pasajeros. Lo que sucede es que en estas ocasiones no hay asombro alguno sino miedo, una gran pena y la amarga sensación de que se podrían haber evitado tantos muertos. Como una vez escribió Joseph Conrad esto no es progreso ni es ciencia. Es puro comercialismo.